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Biografía
Infancia y primeros años
Nació en una aldea de Mazovia, a 60 kilómetros de
Varsovia en el centro de Polonia, en una pequeña
finca propiedad del conde Skarbek, que formaba parte
del Gran Ducado de Varsovia. La fecha de su
nacimiento es incierta: el compositor mismo (y su
familia) declaraba haber venido al mundo en 1810, el
1º de marzo y siempre celebró su cumpleaños en
aquella fecha, pero en su partida bautismal figura
como nacido el 22 de febrero. Si bien lo más
probable es que esto último fuese un error por parte
del sacerdote (fue bautizado el 23 de abril en la
iglesia parroquial de Brochow, cerca a Sochaczew,
casi ocho semanas después del nacimiento), esta
discordancia se discute hasta el día de hoy.
Su padre, Mikolaj (Nicolas) Chopin (Marainville,
Lorena, 1771-1844), era un emigrado francés de
lejanos ancestros polacos, que se había trasladado a
Polonia en 1787, animado por la defensa de la causa
polaca, y era profesor de francés y literatura
francesa; también era preceptor de la familia del
conde Skarbek. Su madre, Tekla Justyna Kryzanowska (Dlugie,
Kujawy, 1782-1868) pertenecía a una familia de la
nobleza polaca venida a menos y era gobernante de la
finca. Sin embargo, la familia se trasladó a
Varsovia en octubre del mismo año, pues su padre
había obtenido el puesto de profesor de francés en
el Liceo de Varsovia. Ambos tuvieron 3 hijas más:
Ludwika (tb. Ludvika, 1807-¿?), Izabella (1811-¿?) y
Emilia (1813-1827). Frédéric era el segundo hijo y
único varón.
Frédéric y sus hermanas crecieron en un entorno en
el que el gusto por la cultura en general, y la
música en particular, era considerable. Su primera
maestra de piano fue su hermana Ludwika, con quien
luego tocaba duetos para piano a cuatro manos. Al
destacar pronto sus excepcionales cualidades, a los
seis años sus padres lo pusieron en manos del
maestro Wojciech Zywny, violinista amante de la
música de Bach (hecho entonces poco común) y de
Mozart, y que basaba sus enseñanzas principalmente
en ellos.
Un año más tarde compuso su primera obra y como el
niño no sabía escribir muy bien, la pieza fue
anotada por su padre. Se trataba de la Polonesa en
sol menor para piano, publicada en noviembre de 1817
en el taller de grabado del padre J. J. Cybulski,
director de la Escuela de Organistas y uno de los
pocos editores de música polacos de su tiempo; ese
mismo año compuso otra Polonesa en si bemol mayor
(recuérdese que tenía solo siete años de edad). A
éstas siguieron otras polonesas, además de marchas y
variaciones. Algunas de estas composiciones se
encuentran hoy perdidas.

Casa natal de
Chopin en Zelazowa Wola
A los
ocho años tocaba el piano con maestría, improvisaba
y componía con soltura: dio su primer concierto
público el 24 de febrero de 1818 en el palacio de la
familia Radziwill de Varsovia, donde tocó el
Concierto en mi menor de Vojtech Jirovec. Pronto se
hizo conocido en el ambiente local de la ciudad,
considerado por todos como un «niño prodigio» y
llamado el «pequeño Chopin». Comenzó a dar recitales
en las recepciones de los salones aristocráticos de
la ciudad, para las familias Czartoryski, Grabowski,
Sapieha, Mokronowski, Czerwertynski, Zamoyski,
Radziwill, Lubecki, Zajaczek, Skarbek y Tenczynski,
tal como hiciese Mozart a la misma edad. Así se ganó
un número creciente de admiradores.
También desde su niñez se manifestó ya un hecho que
marcó poderosamente su vida: su quebradiza salud.
Desde niño había sufrido inflamaciones de los
ganglios del cuello y había tenido que soportar
frecuentes sangrías.
Adolescencia
En
1822, terminó sus lecciones con Zywny y comenzó a
tomar clases privadas con el silesiano Józef Ksawery
Elsner (1769-1854), director de la Escuela Superior
de Música de Varsovia; probablemente recibió
irregulares pero valiosas lecciones de órgano y
piano con el renombrado pianista bohemio Vilem (Wilhelm)
Würfel (1791-1832). Elsner, (también amante de
Bach), se encargó de perfeccionarlo en teoría
musical, bajo continuo y composición.
A partir de julio de 1823 el jovencito compaginó sus
estudios con Elsner con sus cursos en el Liceo de
Varsovia (donde enseñaba su padre), donde ingresó al
cuarto ciclo y recibió clases de literatura clásica,
canto y dibujo. En 1824 pasa sus vacaciones en
Szafarnia, Dobrzyn, en casa de un amigo, alumno de
su padre. Allí tiene contacto por primera vez con la
tierra polaca y los campesinos que la habitan y con
la música folclórica de su patria. Estos breves
contactos le bastarán para sembrar en su plástica
mente adolescente lo que luego emergerá en la
madurez de su genio. «Los artículos, las películas
que muestran al joven Chopin que pasa la vida en los
medios populares nos engañan doblemente. Primero,
porque los hechos son inexactos. Después porque
equivale a dar pruebas de una gran desconocimiento
de lo que es un cerebro de artista: un paisaje
iluminado por una chispa, una reacción química en la
que no existe proporción alguna entre causa y
efecto.»
El 7 de julio de 1826 Frédéric completó sus estudios
en el Liceo, graduándose cum laude el 27 del mismo
mes. Al mes siguiente viajó por primera vez fuera de
Polonia: fue con sus hermanas a descansar a Bad
Reinertz (actual Duzniki-Zrdoj) en Silesia del Sur.
En noviembre del mismo año se inscribió en la
Escuela Superior de Música de Varsovia, entonces
parte del Conservatorio de Varsovia y conectada con
el Departamento de Artes de la Universidad de
Varsovia. Allí continuó sus estudios con Elsner,
pero no asistió a las clases de piano. Elsner, que
lo conocía, comprendió su decisión, pero fue muy
exigente en las materias teóricas que le enseñó,
sobre todo en contrapunto. Gracias a esto, adquirió
una sólida comprensión y técnica de la composición
musical. En este tiempo, compuso su Sonata para
piano n.º 1 en do menor Op. 4, sus Variaciones sobre
el aria «Là ci darem la mano» (de la ópera Don
Giovanni de Mozart) para piano y orquesta Op. 2 y el
Trío para violín, cello y piano Op. 8, evidentemente
obras de mayor envergadura, basadas en formas
clásicas (la sonata y las variaciones concertantes).
Elsner escribiría en las calificaciones finales de
sus estudios: "talento sorprendente y genio
musical".
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El célebre virtuoso del violín Niccolò
Paganini, quien deslumbró a Chopin en
1829.En mayo de 1829, el célebre
violinista italiano Niccolò Paganini
llegó a Varsovia a dar conciertos.
Chopin acudió a verlo y quedó
profundamente deslumbrado por su
virtuosismo. Su deuda con él ha quedado
patente en el Estudio para piano Op. 10
n.º 1 , que componía por esos días. |
Después
de pasar por Praga, Dresde y Breslau (actual
Wroclaw), regresó a Varsovia, donde se enamoró de
Konstancja (Konstanze) Gladkowska (1810-1880), una
joven estudiante de canto del Conservatorio, que
había conocido en 1828 en un concierto de
estudiantes de Carl Soliva. De esta primera pasión
juvenil nacieron varias obras memorables: el Vals Op.
70 n.º 3 y el movimiento lento de su primer
Concierto para piano y orquesta en fa menor. Sobre
él reconoció a su amigo Titus Woyciechowski: Quizá
desafortunadamente, tengo mi propio ideal, al que en
silencio sirvo desde hace medio año, con el que
sueño y en cuyo recuerdo he compuesto el Adagio de
mi nuevo concierto (1829)[5] Dicha obra fue
estrenada en el Club de Mercaderes de Varsovia en
diciembre del mismo año, y publicada posteriormente
como n.º 2, Op. 21. También le informaba a T.
Woyciechowski: He compuesto unos pocos ejercicios;
te los mostraré y tocaré pronto;[6] estos
«ejercicios» se convertirían en la primera serie de
Estudios Op. 10. Además, componía ya sus primeros
nocturnos (escuchar midi del Op. 62 n° 1, 1829) y
sus Canciones para voz y piano sobre poemas de
Stefan Witwicki (parte del futuro Op. 74, escuchar
La plegaria de la doncella, arreglo para piano solo
por Franz Liszt).

Aquel
romance fue un ardiente sentimiento, mas no
decisivo, pues ya estaba completamente decidido a
ser un compositor y pronto decidió emprender un
«viaje de estudios» por Europa. Originalmente pensó
en viajar a Berlín, adonde había sido invitado por
el príncipe Antoni Radziwill, gobernador del Gran
Ducado de Posnania designado por el rey de Prusia;
Chopin había sido su huésped en Antoni. Sin embargo,
finalmente se decidió por Viena, para consolidar los
éxitos de su primera gira. Aunque su correspondencia
de este tiempo en Polonia tiene un tono de cierta
melancolía, fueron tiempos felices para él,
celebrado por los jóvenes poetas e intelectuales de
su patria. Konstancja se casaría con otro hombre en
1830.
Final

Chopin
sabía que se moría, pero, sorprendentemente, dijo a
los circunstantes: Encontraréis muchas partituras,
más o menos dignas de mí. En nombre del amor que me
tenéis, por favor, quemadlas todas excepto la
primera parte de mi método para piano. El resto debe
ser consumido por el fuego sin excepción, porque
tengo demasiado respeto por mi público y no quiero
que todas las piezas que no sean dignas de él, anden
circulando por mi culpa y bajo mi nombre.
Afortunadamente para nosotros y el arte universal,
ninguno de los presentes se avino a cumplir
semejante orden.
Ya en plena agonía, tuvo aún la fuerza suficiente
para otorgar a cada visitante un apretón de manos y
una palabra amable. A las dos de la madrugada del 17
de octubre de 1849, murió.
El obituario publicado en los periódicos dice
textualmente: Fue miembro de la familia de Varsovia
por nacionalidad, polaco por corazón y ciudadano del
mundo por su talento, que hoy se ha ido de la
tierra. Tenía tan sólo 39 años de edad.
El solemne funeral de Frédéric Chopin se celebró en
la iglesia de Santa Magdalena de París el día 30. En
él, cumpliendo disposiciones de su testamento, se
ejecutaron sus preludios en Mi menor y en Si menor,
seguidos del Requiem de Mozart. Más tarde, durante
el entierro en el Cementerio de Père-Lachaise, se
tocó la Marcha fúnebre de su Sonata Op. 35.
Aunque su cuerpo permanece en París, se obedeció la
última voluntad del músico, extrayendo su corazón y
depositándolo en la Iglesia de la Santa Cruz de
Varsovia.

Tumba de Chopin en
París.
Su música
Chopin
representa un extraño caso entre los grandes
compositores, pues la mayor parte de sus obras son
para piano solo. Su música de cámara y vocal es
escasa y la orquestal comprende unas cuantas obras
concertantes. En todas ellas, siempre hay un piano
involucrado. Sus amigos y colegas le animaron a
abordar otros géneros; cuando el conde de Perthuis
le animó a escribir un melodrama, el músico
respondió: Dejad que sea lo que debo ser, nada más
que un compositor de piano, porque esto es lo único
que sé hacer.
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Mano de
Chopin |
Partitura
de la Polonesa |
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Busto y
Piano de Chopin |
Valses
y otras danzas
Además
de las polonesas y las mazurcas, Chopin compuso
obras basadas en otras danzas. Al igual que
aquéllas, estas piezas no son precisamente música
para bailar, sino una estilización, "música de
salón"[35] (como buena parte de la producción de
Chopin), escrita para tocar en los salones, aunando
el impulso rítmico, la expresión y el brillo
instrumental. Tenemos el Bolero Op. 19, Tarantella
Op. 43, las Eccosaises Op. 72 n.º 3-5, o incluso la
Barcarola Op. 60. También escribió dos marchas
fúnebres: la temprana Op. 72 n.º 2 y la famosísima
que animaría después a Chopin a completar la Sonata
n.º 2. Empero, las más conocidas son los valses.
En esa época, el vals era el baile vienés que
comenzaba a hacer furor en los salones de Europa,
gracias sobre todo a Josef Lanner y Johann Strauss.
Schubert o Weber compusieron valses (para piano) en
este estilo. Sin embargo, la mayoría de los valses
chopinianos están lejos de ese carácter. Para
Mendelssohn, éstos no tenían de vals más que el
nombre. Quizás no deba buscarse en éstos lo danzable,
pues parecen transmitirnos sugestiones que no aluden
directamente al baile, sino al recuerdo personal que
le dejó el ambiente (evocación que hace recordar el
origen de La Valse de Ravel). Robert Schumann dijo:
Cada vals de Chopin es un breve poema en el que
imaginamos al músico echar una mirada hacia las
parejas que bailan, pensando en cosas más profundas
que el baile.[36] Es significativo que dos de sus
valses estén dedicados a sus primeros dos amores: el
Op. 70 n.º 3, dedicado a Konstancja, o el Op. 69 n.º
1, el "Vals del adiós" dedicado a Maria. Además de
ser una declaración amorosa, se hallan expresadas en
estas obras la ligereza como en el Op. 64 n.º 1 (el
penosamente llamado "Vals del minuto", escuchar) o
la melancolía del "Vals du regret" (Op. 34 n.º 2),
sin faltar el vals brillante (Op. 18). Por otro
lado, para reconsiderar la éterea cualidad bailable
de esta música, es muy sugerente el ballet Las
Sílfides, íntegramente compuesto en orquestaciones
de obras de Chopin (entre ellos algunos valses).
Otras obras
En
1831, Chopin escribió que la motivación de componer
era su "tal vez audaz pero noble deseo de crear un
nuevo mundo para mí mismo". Su música confirma sus
intenciones: a veces poética, otras orgullosa,
siempre elegante y a menudo plena de heroísmo, en
verdad constituye un mundo en sí misma y no se
parece a la obra de ningún otro compositor. Robert
Schumann la definió como cañones sepultados entre
flores. Precisamente Schumann fue un fiel seguidor y
un audaz crítico del compositor polaco, teniendo el
acierto de descubrirle en un famoso artículo
(publicado el 7 de diciembre en la revista Algemeine
Musikalische Zeitung) que incluye la famosa cita
‘¡Quítense el sombrero, señores, he aquí un genio!’.
A menudo, las obras surgían en la mente (y en los
dedos) del maestro con rapidez; sin embargo, a
posteriori solía emplear mucho tiempo en la
transcripción y redacción definitiva de estas.
Una parte muy representativa de sus obras, como sus
Polonesas, (incluyendo el Andante spianato y Gran
Polonesa Brillante Op. 22; la Polonesa en La bemol
Op. 53 y la Polonesa-Fantasía Op. 61), así como las
Mazurcas (como por ejemplo, las Op. 24) son el
resultado de una innovadora fusión entre el folclore
polaco, la influencia de melodías militares,
patrióticas o nacionalistas, el bel canto, y la
música de la propia corriente romántica.
El lenguaje armónico de Chopin es absolutamente
original, pleno de complejas armonías cromáticas;
también emplea recursos más "exóticos", como los
bordones de quinta de las danzas folclóricas y las
escalas modales tradicionales de su país. Las
cincuenta y cinco Mazurcas que compuso representan
un microcosmos musical en sí mismas: son un
muestrario completo de su estilo único, y la forma
en que las trata, repitiendo una misma danza en
diferentes formas. Sus Estudios y Preludios están
fuertemente influidos por el afán de variedad y la
maestría técnica de "El clave bien temperado" de
Johann Sebastian Bach.
Otras formas importantes en su obra son los Scherzi
(Op. 20, 31, 39 y 54), los Estudios (Op. 10, Op. 25
y Trois nouvelles études) y los Nocturnos (Op. 9, Op.
32, Op. 62...). Estos últimos influidos por las
composiciones homónimas del compositor irlandés John
Field, y en ellos Chopin exhibe abiertamente su
gusto por el bel canto. En el caso de los Estudios,
podría decirse que es la obra con intención
didáctica más importante desde El Clave Bien
Temperado de Bach, en el sentido de que aúna el
trabajo técnico más puro con un gran cuidado en la
construcción y el contenido musical. Los Scherzi de
Chopin son las primeras obras independientes en
llevar ese título, exceptuando el caso de una
Bagatela de Beethoven (op. 33 n.º 2), y los Dos
Scherzi D. 593 de Schubert. A pesar de compartir
esquema formal con los scherzi clásicos, y también
el compás de 3/4, Chopin crea cuatro obras extensas,
con contrastes muy dramáticos.
Siendo uno de los más destacados pianistas de la
historia, quizás el más técnico y el más refinado,
las enseñanzas que dejará para los compositores
posteriores entroncan en la tradición mozartiana más
pura: "a tempo con la mano izquierda y libre con la
derecha" (lo que se conoce como rubato melódico). Su
trabajo es un milagro de sutileza y buen gusto. La
ornamentación es elaboradísima y virtuosa, pero
nunca se evidencia por sí misma (evitando el alarde
técnico), sino que debe buscarse imbricada en el
tratamiento poético que otorga a cada pieza.

Monumento a
Chopin en el Parque Monceau, París.
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