"DIA DE MUERTOS EN SAN LUIS"


 

2 de Noviembre de 1974 por Ana Neumann

Los potosinos tienen su Fiesta característica en éste día, desde el día 1° a muy temprana hora, comienzan a llegar a nuestros dos panteones llamados popularmente el "viejo" y el "nuevo", pero ambos camposantos se unen oficialmente en su ubicación y en su nombre: "El Panteón del Saucito".

Niños y ancianos, mujeres y hombres, pobres y ricos, cristianos y no creyentes, unidos todos en un mismo cuadro, venerando y acompañando a sus muertos, en el recuerdo inminente y común hacia los seres queridos que se han ido, agolpando en su mente los rostros ausentes y las vivencias de antaño, ante la sola pronunciación de: "Día de Muertos".

Llanto y risa, soledad y comunión, fiesta y retiro; gritos y silencio se conjuntan en el "Panteón del Saucito", entre deudos, floristas, vendedores, plañideras, aguadores, barredores de tumbas, pulqueros, policías tratando de guardar un orden, barredores de palmas, mendigos, sacerdotes, solitarios, curiosos… Vivos y Muertos.

Los concurrentes al Panteón del Saucito, desde su llegada a la entrada se deslumbran ante la alegría y belleza que existen en éste, quizá contradictorias ante la paz que entraña el cementerio y ante el nombre de ese día -de Muertos -, acentuándose con el barullo y algarabía, pero expresiones (todas ellas) auténticas, vivenciales y contagiantes del potosino en la fiesta de muertos.



Cientos de flores de cempasúchil, (también llamadas de Cempoal) que son las flores típicas del día de Muertos se encuentran adornando las tumbas y mausoleos. Cempasúchil de un amarillo fijo y radiante, amarillo bello, amarillo alegre, amarillo triste, amarillo muerto, que opaca las rosas, gladiolas, claveles, alcatraces, margaritas, nubes, bolas de hilo, dientes de león y malvas que también son vendidas por las floristas para que sirvan de adorno y homenaje en las sepulturas de los potosinos muertos que yacen en el Saucito.

Compitiendo en importancia con las flores de muerto están las llamadas "coronas", las cuales son hechas por los indígenas de los alrededores de esta ciudad confeccionándolas íntegramente con magueyes del monte, haciendo las formas de las coronas y cruces con la piña del maguey de donde se saca el sotol y uniendo estas formas con las hojas espinosas del mismo.

Sobre las tumbas adornadas de coronas y flores, pueden leerse epitafios de muy diversa índole: "Como un recuerdo de su hijo y familia", "Esta aquí tu alma con Dios, pero tú vivirás siempre en nuestros corazones", "Tu madre, hermanos, hermanas e hijos te dedican este recuerdo a tu memoria", "Te nos adelantaste en el viaje a la vida futura para enseñarnos con el ejemplo de tu muerte cristiana el camino del cielo. Murió pare el mundo, pero vivirás siempre en el corazón de tu madre y hermano", "En memoria de nuestro inolvidable ser querido", "Madre pasaste por este mundo sufriendo todo con resignación, tus virtudes y abnegación hicieron nacer para ti nuestro amor profundo. Esta tumba guarda su cuerpo, Dios guarda su alma y sus hijos y nietos cobijan su recuerdo", "Chavo, Javis, Nanis y yo te extrañamos y necesitamos", "¡Abuelita!, ¡Jefecita!, aunque físicamente no están con nosotros, tu recuerdo vivirá perenne en el corazón de tu esposo y de cada uno de tus hijos".

Pero también en el "Día de Muertos ", los comerciantes y aún los sacerdotes abusan de los sentimientos y creencias del pueblo de México, encarecen su mercancías, en la certeza de que éstas serán igualmente vendidas; así tenemos que el ramo de gladiolas tiene un costo de $35.00, el de alcatraces $20.00, el de claveles $20.00 también, el agua para las tumbas es vendida a $4.00 dos cubetas de tamaño regular y en una pizarra se lee lo siguiente: "Aquí puede usted mandar decir sus misas y responsos para sus difuntos, responso cantado $2.00, responso rezado $1.00, misa cantada $80.00 (Sí leyó usted bien $80.00 - la que suscribe) -; misa rezada $20.00. Estas misas y responsos se cumplirán en el Templo del Saucito, [Atentamente: El Padre Vicario]

Y dando pie con este tonto, nos trasladamos al templo mencionado, en donde los potosinos creyentes ofrecen sus rezos a los muertos y llevan velas y veladoras como ofrenda al Señor, así como retablos realizados por ellos mismos, en donde con ilustraciones, piden por el descanso de su alma y narran el motivo y causas de su muerte.

Fuera del templo se aglomeran turistas y comerciantes; gorditas de sal y de azúcar se comen acompañadas por un buen tarro de pulque y por amena charla y no falta una feria o una carpa que presenten espectáculos al público, tales como "la mujer decapitada" "el hombre araña", etc., así como también les ofrezcan juegos mecánicos (caballitos, rueda de la fortuna) y de azar (dardos, tiro al blanco, aros)



Hasta hace unos años la calle Hidalgo y en el Mercado del mismo nombre de esta ciudad tunera se efectúa la venta de los muertos y calaveras de azúcar, muy típicos del centro del País. Grandes tiraderos, repletos de tumbas, cruces, calaveras, flores, "calacas", con nombres propios, esqueletos vestidos de toreros, o de novios de iglesia, se encontraban a todo lo largo y ancho de esta calle Hidalgo y su mercado, a donde especialmente los niños acudían a gastarse "el muerto" de dinero, obsequio de sus padres en este especial día; regresando a sus casas con bolsas enteras de calaveras de azúcar de un sinfín de colores y formas, ahora aunque en minoría se realiza en el Mercado República.

Por la noche, grupos autóctonos de danzantes llamados "matanchines", bailan a las puertas del templo del Saucito y de algunas otras Iglesias y los dolientes efectúan un ritual o "ceremonia de las velas" en el propio templo y en los panteones.